OS BELENENSES, UN CLUB DE PRIMERA – El Mundo Madridista

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Lisboa, 23 de septiembre de 1919. Barrio de Belém. En un banco de la Praça Afonso de Albuquerque dos amigos se sientan y deciden fundar uno de los clubes más importantes de toda Portugal: el Clube de Futebol Os Belenenses. Actualmente, los “azules de Restelo” están de enhorabuena, ya que han logrado proclamarse campeones de la segunda división portuguesa, lo que les asegura estar en la Liga Zon Sagres la campaña próxima.

 

Y lo han hecho con gran superioridad, consiguiendo 94 de los 126 puntos posibles, aupándose así sin problema al primer puesto de la tabla, seguidos por el humilde F.C. Arouca, club fundado en 1951 y situado al norte del país, en el área metropolitana de Oporto.

El Real Madrid C.F. y los madridistas nos mostramos felices ante el ascenso de los Pasteles. Sin duda es esta una dulce noticia, pues el Os Belenenses es ante todo un club amigo. Esta relación de afecto tiene su origen, en gran medida, a partir del año 1947. Concretamente desde el 14 de diciembre de dicho año. Ese fue el día en que oficialmente se jugó el partido de inauguración del Nuevo Estadio Chamartín. Tras la concesión del crédito necesario en el verano de 1944 y la posterior elección de la maqueta (la preferida fue la elaborada por los arquitectos Manuel Muñoz Monetary y Luis Alemany Soler) el 27 de octubre de 1944 se coloca la primera piedra. Los blancos salieron con Calleja en la puerta; Clemente y Corona en el cierre; Pont, Ipiña y Huete por delante y Alsúa, “Chus” Alonso, Barinaga, Molowny y Vidal en la punta de ataque. Por su parte Os Belenenses alineó a Serio bajo palos; Vasco y Feliciano como principales defensores; Amaro, Figueirido y Serafín en el centro del campo y Rocha, Cuaresma, Teixeira, Duarte y Narciso formaron en la zona ofensiva portuguesa.

El RMCF no pasaba por su mejor momento futbolístico, pero aún así ganó. La ilusión y la fuerza que el nuevo estadio propagó fue sin duda un acicate impresionante. Se había aplazado la duodécima jornada de la liga que nos enfrentaba al Athletic de Bilbao para darle digna bienvenida y lógica trascendencia al nuevo estadio. Barinaga cabeceó hacia dentro de las mallas un buen centro de Vidal en el minuto diez, haciendo justicia a la clamorosa superioridad madridista en el inicio del encuentro. Tras el minuto veinte parece que los portugueses se deshicieron de la presión de jugar en un coliseo de tal envergadura y se hicieron con el dominio del juego, lo que llevó a las tablas al marcador. Teixeira convirtió en gol tras rematar a placer un buen centro desde la derecha en el 25’. Tras veinte minutos de lucha y brega el esférico no volvió a penetrar en ninguno de los dos arcos, llegando así el segundo tiempo, el cual fue mucho más hosco y nivelado. En esta tesitura fue el equipo local el que se encontró más cómodo y fue capaz de llevar el dominio del marcador, convirtiendo dos goles: el 2-1 de Alonso tras disparo inapelable, cuando se cumplía la hora exacta de juego y el 3-1 también de Alonso culminando un lance entre Alsúa y Barinaga, cinco minutos antes del pitido final. Cabe decir que en ese momento el C.F. Os Belenenses era el club a batir en nuestro país vecino, siendo éste el campeón de la Liga, del campeonato lisboeta y de la copa de honor de la capital portuguesa, en la temporada 1945-46.
Así, animamos a todos los madridistas que visiten la capital lisboeta a subir al tranvía número 15E (se toma desde la Plaça do Comercio), el cual, bordeando la costa, nos llevará hasta el corazón del bello barrio de Belém. Pasear y comer en uno de los sensacionales restaurantes de la Rua Vieira Portuense se convierte en toda una experiencia, y no habrá mejor postre que los Pastéis de Belém que podremos encontrar en la antiquísima Casa Pastéis de Belém. Espolvorear un tanto de canela sobre ellos antes de comerlos es un sabio consejo que hay que seguir al pie de la letra, de la misma manera que inmortalizar la estampa del famoso banco donde se fundó la escuadra belenense. Tanto el Real Madrid, los merengues, como Os Belenenses, los Pasteles, hacen suya aquella máxima de que el fútbol es una manera de endulzarnos la vida.

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